sábado, 30 de mayo de 2015

Pietro Gori

PIETRO GORI


Pietro Gori nació en 1865 en Mesina. Su padre era oficial del ejército y su madre, Giulia Lusoni, pertenecía a la aristocracia de Toscana. Llevaban sus padres una vida desahogada y por eso la juventud de Pietro fue dichosa.

Gori estudió derecho en las universidades de Liorna y Pisa. Era todavía muy joven cuando se puso en contacto con el movimiento anarquista de Italia. Bajo el influjo poderoso de Mijaíl Bakunin, Carlo Cafiero, Andrea Costa y Errico Malatesta, ese movimiento tomó un vasto impulso durante las últimas décadas del siglo pasado. Después del levantamiento de Benevento, en 1877, comenzó una terrible reacción en toda Italia. Se perseguía a los anarquistas igual que a las bestias salvajes. Centenares de compañeros padecían en las cárceles. El parlamento italiano votó una ley de excepción contra los anarquistas y disolvió todas las organizaciones públicas de la Internacional. Poco después comenzó la propaganda conspiradora con sus persecuciones y sus víctimas incontables.
Cuando Gori llegó a conocer el anarquismo los tiempos eran ya más favorables. Nuevamente aparecían varios periódicos y en las ciudades y aldeas se había reanudado la propaganda verbal.
Pietro tenía dieciséis años cuando habló por primera vez en una reunión anarquista. Algunos de sus primeros discursos aparecieron entonces en un folleto, Pensieri ribelli, que fue confiscado enseguida. Gori fue acusado y en 1877 apareció ante el jurado de Pisa. Enrico Ferri defendió en esa ocasión al joven estudiante, pronunciando uno de sus discursos más brillantes. El proceso terminó con la absolución de Gori.
Pero poco después empezaron nuevamente las persecuciones. En Ancona los obreros celebraban por primera vez el 1 de Mayo. En la vieja ciudad anárquica comenzó un gran movimiento huelguista que provocó sangrientos choques con la policía. Gori se hallaba a la vanguardia del movimiento y la policía hizo recaer sobre él la "responsabilidad moral" de los sucesos. Fue condenado a un año de prisión. Y aunque la Cámara de Apelaciones revocó más tarde la condena, Gori casi ya la había cumplido.
En 1891 Gori se trasladó a Milán. Allí realizó su examen de abogado, pero todo su tiempo libre lo dedicaba a la propaganda anarquista. Celebró centenares de asambleas y sus excepcionales cualidades de orador atrajeron a millares de personas. Ese mismo año participó en el congreso anarquista de Capolago, junto con Malatesta, Cipriani y Merlino. A su vuelta a Milán fundó el periódico L'Amico del Popolo. De los 27 números que aparecieron casi todos fueron confiscados, pero la policía siempre llegó tarde. Al mismo tiempo Gori actuaba también corno abogado, interviniendo en varios grandes procesos políticos.
Con la mayor energía atacó el socialismo parlamentario y a los dirigentes del reformismo en Milán; esa campaña halló una expresión interesante en su periódico y en las asambleas; mas dicha campaña la desenvolvió siempre en el terreno de las ideas, evitando los motivos personales. Al propio tiempo que combatía a los reformistas en varios congresos, estaba ligado por una antigua e íntima amistad con Filippo Turati, el jefe del reformismo italiano.

En Milán, Gori publicó tres tomos de poesías y de estudios literarios y además seis folletos anarquistas. Gori era un hombre italiano: el instinto del arte constituía en él una especie de herencia nacional. En sus discursos y en sus escritos reconocíase siempre al artista. Sus versos pertenecen a lo mejor que ha producido la moderna poesía italiana y recuerdan frecuentemente las formas y los ritmos de Ada Negri. Muchas de sus poesías rebeldes son cantadas por el mundo revolucionario de Italia, como por ejemplo Il canto dei coatti, Il canto di Maggio y el bellísimo himno Sante Caserio. Gori fue también autor de varias piezas de teatro que han sido puestas en escena con todo éxito en Milán y otras ciudades italianas.

En 1894 el anarquista italiano Sante Caserio mató a Sadi Carnot, presidente de la República Francesa. Una reacción terrible se declaró en Francia y en Italia. La prensa policial de este último país exigía una nueva ley de excepción contra los anarquistas y atacó principalmente a Pietro Gori, a quien hacía cargar con la responsabilidad moral del atentado. Caserio había frecuentado varias reuniones en que hablara Gori y éste lo había defendido años antes, en calidad de abogado, ante los tribunales de Milán. De esto dedujo la prensa policial que Gori era el maestro de Caserio y el causante "moral" del atentado de Lyon.
Poco después el gobierno italiano promulgó una nueva ley contra los anarquistas y Gori se vio obligado a abandonar el país. Cruzó la frontera francesa, pero fue arrestado inmediatamente y expulsado de allí. Entonces se refugió en Lugano, en la Suiza de habla italiana; mas el gobierno italiano insistió tanto ante los republicanos suizos que éstos expulsaron al odiado anarquista, junto con muchos otros compañeros.
Gori se dirigió a Alemania, pasando por Holanda donde se quedó algunas semanas con Domela Nieuwenhuis y los anarquistas holandeses. Poco tiempo después llegó a Londres, donde tomó parte activa en el movimiento. En aquel tiempo Londres era el centro de todos los perseguidos. Malato, Malatesta, Louise Michel, Émile Pouget y muchos otros se veían obligados a vivir en Inglaterra debido a las leyes de excepción que regían en Francia e Italia. Gori y Malatesta desarrollaron una enérgica y provechosa campaña entre los residentes italianos en Londres y el vigoroso talento oratorio del primero atrajo a centenares de personas.

En 1895 Gori se trasladó a los Estados Unidos con el objeto de realizar allí y en el Canadá una jira de propaganda. Su éxito en América fue extraordinario; habló en todas las grandes ciudades entre Nueva York y San Francisco, celebrando más de cuatrocientos mítines. Pero ese esfuerzo constituyó un peligro para la salud. En 1896 volvió a Londres como delegado al congreso socialista internacional. Poco después cayó gravemente enfermo y estuvo varias semanas en un hospital. Su estado seguía empeorando, cuando decidió volver a Italia no obstante el peligro a que se exponía de ser confinado en la "Siberia" italiana.
Empero, los diputados Imbriani y Bovio plantearon el asunto en el parlamento y el gobierno declaró que no molestaría a Gori mientras éste se mantuviese tranquilo. Gori pasó cierto tiempo en la isla de Elba, enfermo, extenuado. Sin embargo el gobierno no lo perdía de vista y todo un ejército de vigilantes y pesquisas merodeaba siempre alrededor de la casa del paciente.

Transcurrió mucho tiempo antes de que Gori recobrase la salud. Abandonó Elba y se fue a Milán, donde reanudó sus actividades en favor de sus ideas. No era posible celebrar en ese tiempo asambleas públicas porque los anarquistas estaban excluidos de los derechos civiles. Gori empezó a organizar las llamadas reuniones privadas, valiéndose de algunos subterfugios de la ley. Pero la policía cuidaba cada uno de sus pasos. En Milán se había erigido un monumento a los combatientes de la revolución italiana. Gori fue uno de los oradores en el acto de la inauguración y pronunció uno de sus más notables discursos. Entonces el gobierno le hizo saber que lo mantendría en arresto domiciliario si llegaba a hablar nuevamente.
Poco después defendió a Malatesta y a sus compañeros ante el tribunal de Ancona. Su defensa fue una de las acusaciones más vehementes contra la reacción y un desarrollo maravilloso de la doctrina anarquista.
Algún tiempo después de la sublevación de Milán, en la cual 300 hombres y mujeres cayeron bajo las balas de los soldados, la policía trató de arrestar a Gori y sólo por una casualidad éste consiguió huir al extranjero. Más tarde el consejo de guerra lo condenó a doce años de cárcel por considerarlo causante "moral" del levantamiento.

Gori se trasladó a Argentina, donde desarrolló una espléndida propaganda. Los estudiantes y los profesores lo invitaron a dar una serie de conferencias en la Universidad. Disertó allí sobre sociología criminal cautivando la atención del auditorio. Al mismo tiempo viajó por toda Sudamérica difundiendo por doquier las enseñanzas del anarquismo. Por encargo de la Sociedad Científica Argentina, Gori tomó parte en una expedición a la Tierra del Fuego y a la Patagonia, publicando luego un brillante informe acerca de sus viajes.
La amnistía de 1902 dio a Gori la posibilidad de volver a Italia. La propaganda libertaria se había desarrollado nuevamente. Junto con Luigi Fabbri fundó la excelente revista Il Pensiero, una de las publicaciones más importantes de la literatura anarquista. Pero la policía no lo dejó en paz. Las persecuciones contra él fueron tan violentas que el Parlamento tuvo que intervenir.
Esas persecuciones constantes obligaron a Gori a abandonar nuevamente Italia. Se dirigió a Palestina y a Egipto, mostrándose en todas partes muy activo por la causa. En 1905 volvió a Italia, gravemente enfermo. La dolencia no le permitió desarrollar una gran actividad; sin embargo luchó hasta sus últimos momentos por nuestras ideas. Publicó varios folletos y un tomo de poesías. El 8 de enero de 1911 falleció en la isla de Elba, a los 45 años de edad.

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