PIETRO GORI
Pietro Gori nació en 1865 en Mesina. Su padre era oficial del
ejército y su madre, Giulia Lusoni, pertenecía a la aristocracia de
Toscana. Llevaban sus padres una vida desahogada y por eso la
juventud de Pietro fue dichosa.
Gori estudió derecho en las
universidades de Liorna y Pisa. Era todavía muy joven cuando se
puso en contacto con el movimiento anarquista de Italia. Bajo el
influjo poderoso de Mijaíl Bakunin, Carlo Cafiero, Andrea Costa y
Errico Malatesta, ese movimiento tomó un vasto impulso durante las
últimas décadas del siglo pasado. Después del levantamiento de
Benevento, en 1877, comenzó una terrible reacción en toda Italia.
Se perseguía a los anarquistas igual que a las bestias salvajes.
Centenares de compañeros padecían en las cárceles. El parlamento
italiano votó una ley de excepción contra los anarquistas y
disolvió todas las organizaciones públicas de la Internacional.
Poco después comenzó la propaganda conspiradora con sus persecuciones
y sus víctimas incontables.
Cuando Gori llegó a conocer el
anarquismo los tiempos eran ya más favorables. Nuevamente aparecían
varios periódicos y en las ciudades y aldeas se había reanudado la
propaganda verbal.
Pietro tenía dieciséis años cuando habló por
primera vez en una reunión anarquista. Algunos de sus primeros
discursos aparecieron entonces en un folleto, Pensieri ribelli, que
fue confiscado enseguida. Gori fue acusado y en 1877 apareció ante
el jurado de Pisa. Enrico Ferri defendió en esa ocasión al joven
estudiante, pronunciando uno de sus discursos más brillantes. El
proceso terminó con la absolución de Gori.
Pero poco después
empezaron nuevamente las persecuciones. En Ancona los obreros
celebraban por primera vez el 1 de Mayo. En la vieja ciudad anárquica
comenzó un gran movimiento huelguista que provocó sangrientos
choques con la policía. Gori se hallaba a la vanguardia del movimiento
y la policía hizo recaer sobre él la "responsabilidad moral" de
los sucesos. Fue condenado a un año de prisión. Y aunque la Cámara
de Apelaciones revocó más tarde la condena, Gori casi ya la había
cumplido.
En 1891 Gori se trasladó a Milán. Allí realizó su
examen de abogado, pero todo su tiempo libre lo dedicaba a la propaganda
anarquista. Celebró centenares de asambleas y sus excepcionales
cualidades de orador atrajeron a millares de personas. Ese mismo
año participó en el congreso anarquista de Capolago, junto con
Malatesta, Cipriani y Merlino. A su vuelta a Milán fundó el
periódico L'Amico del Popolo. De los 27 números que aparecieron
casi todos fueron confiscados, pero la policía siempre llegó tarde.
Al mismo tiempo Gori actuaba también corno abogado, interviniendo
en varios grandes procesos políticos.
Con la mayor energía atacó
el socialismo parlamentario y a los dirigentes del reformismo en
Milán; esa campaña halló una expresión interesante en su periódico y
en las asambleas; mas dicha campaña la desenvolvió siempre en el
terreno de las ideas, evitando los motivos personales. Al propio
tiempo que combatía a los reformistas en varios congresos, estaba
ligado por una antigua e íntima amistad con Filippo Turati, el jefe
del reformismo italiano.
En Milán, Gori publicó tres tomos de
poesías y de estudios literarios y además seis folletos
anarquistas. Gori era un hombre italiano: el instinto del arte
constituía en él una especie de herencia nacional. En sus discursos
y en sus escritos reconocíase siempre al artista. Sus versos
pertenecen a lo mejor que ha producido la moderna poesía italiana y
recuerdan frecuentemente las formas y los ritmos de Ada Negri.
Muchas de sus poesías rebeldes son cantadas por el mundo revolucionario
de Italia, como por ejemplo Il canto dei coatti, Il canto di Maggio
y el bellísimo himno Sante Caserio. Gori fue también autor de
varias piezas de teatro que han sido puestas en escena con todo
éxito en Milán y otras ciudades italianas.
En 1894 el
anarquista italiano Sante Caserio mató a Sadi Carnot, presidente de
la República Francesa. Una reacción terrible se declaró en Francia
y en Italia. La prensa policial de este último país exigía una
nueva ley de excepción contra los anarquistas y atacó
principalmente a Pietro Gori, a quien hacía cargar con la
responsabilidad moral del atentado. Caserio había frecuentado
varias reuniones en que hablara Gori y éste lo había defendido años
antes, en calidad de abogado, ante los tribunales de Milán. De
esto dedujo la prensa policial que Gori era el maestro de Caserio y
el causante "moral" del atentado de Lyon.
Poco después el gobierno italiano promulgó una nueva ley contra los anarquistas y Gori se vio obligado a abandonar el país. Cruzó la frontera francesa, pero fue arrestado inmediatamente y expulsado de allí. Entonces se refugió en Lugano, en la Suiza de habla italiana; mas el gobierno italiano insistió tanto ante los republicanos suizos que éstos expulsaron al odiado anarquista, junto con muchos otros compañeros.
Poco después el gobierno italiano promulgó una nueva ley contra los anarquistas y Gori se vio obligado a abandonar el país. Cruzó la frontera francesa, pero fue arrestado inmediatamente y expulsado de allí. Entonces se refugió en Lugano, en la Suiza de habla italiana; mas el gobierno italiano insistió tanto ante los republicanos suizos que éstos expulsaron al odiado anarquista, junto con muchos otros compañeros.
Gori se dirigió a Alemania, pasando por Holanda donde
se quedó algunas semanas con Domela Nieuwenhuis y los anarquistas
holandeses. Poco tiempo después llegó a Londres, donde tomó parte
activa en el movimiento. En aquel tiempo Londres era el centro de
todos los perseguidos. Malato, Malatesta, Louise Michel, Émile
Pouget y muchos otros se veían obligados a vivir en Inglaterra
debido a las leyes de excepción que regían en Francia e Italia.
Gori y Malatesta desarrollaron una enérgica y provechosa campaña
entre los residentes italianos en Londres y el vigoroso talento
oratorio del primero atrajo a centenares de personas.
En 1895 Gori
se trasladó a los Estados Unidos con el objeto de realizar allí y
en el Canadá una jira de propaganda. Su éxito en América fue
extraordinario; habló en todas las grandes ciudades entre Nueva
York y San Francisco, celebrando más de cuatrocientos mítines. Pero
ese esfuerzo constituyó un peligro para la salud. En 1896 volvió a
Londres como delegado al congreso socialista internacional. Poco
después cayó gravemente enfermo y estuvo varias semanas en un
hospital. Su estado seguía empeorando, cuando decidió volver a
Italia no obstante el peligro a que se exponía de ser confinado en
la "Siberia" italiana.
Empero, los diputados Imbriani y Bovio
plantearon el asunto en el parlamento y el gobierno declaró que no
molestaría a Gori mientras éste se mantuviese tranquilo. Gori pasó
cierto tiempo en la isla de Elba, enfermo, extenuado. Sin embargo
el gobierno no lo perdía de vista y todo un ejército de vigilantes y
pesquisas merodeaba siempre alrededor de la casa del paciente.
Transcurrió mucho tiempo antes de que Gori recobrase la salud. Abandonó Elba y se fue a Milán, donde reanudó sus actividades en favor de sus ideas. No era posible celebrar en ese tiempo asambleas públicas porque los anarquistas estaban excluidos de los derechos civiles. Gori empezó a organizar las llamadas reuniones privadas, valiéndose de algunos subterfugios de la ley. Pero la policía cuidaba cada uno de sus pasos. En Milán se había erigido un monumento a los combatientes de la revolución italiana. Gori fue uno de los oradores en el acto de la inauguración y pronunció uno de sus más notables discursos. Entonces el gobierno le hizo saber que lo mantendría en arresto domiciliario si llegaba a hablar nuevamente.
Poco después defendió a Malatesta y a sus compañeros
ante el tribunal de Ancona. Su defensa fue una de las acusaciones
más vehementes contra la reacción y un desarrollo maravilloso de la
doctrina anarquista.
Algún tiempo después de la sublevación de Milán, en la cual 300 hombres y mujeres cayeron bajo las balas de los soldados, la policía trató de arrestar a Gori y sólo por una casualidad éste consiguió huir al extranjero. Más tarde el consejo de guerra lo condenó a doce años de cárcel por considerarlo causante "moral" del levantamiento.
Algún tiempo después de la sublevación de Milán, en la cual 300 hombres y mujeres cayeron bajo las balas de los soldados, la policía trató de arrestar a Gori y sólo por una casualidad éste consiguió huir al extranjero. Más tarde el consejo de guerra lo condenó a doce años de cárcel por considerarlo causante "moral" del levantamiento.
Gori se
trasladó a Argentina, donde desarrolló una espléndida propaganda.
Los estudiantes y los profesores lo invitaron a dar una serie de
conferencias en la Universidad. Disertó allí sobre sociología
criminal cautivando la atención del auditorio. Al mismo tiempo viajó
por toda Sudamérica difundiendo por doquier las enseñanzas del
anarquismo. Por encargo de la Sociedad Científica Argentina, Gori tomó
parte en una expedición a la Tierra del Fuego y a la Patagonia,
publicando luego un brillante informe acerca de sus viajes.
La
amnistía de 1902 dio a Gori la posibilidad de volver a Italia. La
propaganda libertaria se había desarrollado nuevamente. Junto con Luigi
Fabbri fundó la excelente revista Il Pensiero, una de las
publicaciones más importantes de la literatura anarquista. Pero la
policía no lo dejó en paz. Las persecuciones contra él fueron tan
violentas que el Parlamento tuvo que intervenir.
Esas
persecuciones constantes obligaron a Gori a abandonar nuevamente Italia.
Se dirigió a Palestina y a Egipto, mostrándose en todas partes
muy activo por la causa. En 1905 volvió a Italia, gravemente enfermo.
La dolencia no le permitió desarrollar una gran actividad; sin
embargo luchó hasta sus últimos momentos por nuestras ideas.
Publicó varios folletos y un tomo de poesías. El 8 de enero de 1911
falleció en la isla de Elba, a los 45 años de edad.

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